Reestructuración empresarial: cuándo tu empresa necesita un enfoque multidisciplinar
A medida que una compañía crece, muchas terminan enfrentándose a un proceso de reestructuración empresarial sin haberlo planificado como tal. Una operación corporativa puede tener implicaciones fiscales.
Una reorganización interna puede requerir una revisión financiera. La implantación de una nueva herramienta tecnológica puede impactar en los procesos y en la forma de tomar decisiones.
En E Advisory trabajamos con este enfoque desde hace tiempo: acompañamos a las empresas en los distintos retos que surgen durante su crecimiento, combinando conocimiento fiscal, financiero y tecnológico.
Te contamos qué tipos de reestructuración existen, qué señales indican que ha llegado el momento de actuar, y por qué rara vez es un tema que se resuelve desde una sola área.
Qué tipos de reestructuración existen
La reestructuración de una empresa puede abordarse desde distintos ángulos, y la mayoría de los procesos reales combinan varios a la vez.
Tipo de reestructuración | En qué se centra |
Operativa | Procesos, costes, cadena de suministro |
Financiera | Deuda, estructura de capital, liquidez |
Organizativa | Jerarquía, gobernanza, dirección |
Estratégica | Modelo de negocio, mercados, propuesta de valor |
La reestructuración operativa suele ser la más habitual y la que produce resultados más rápidos: renegociar contratos con proveedores, optimizar procesos o eliminar líneas de producto deficitarias.
La reestructuración financiera entra en juego cuando el problema de fondo es un exceso de apalancamiento y hay que renegociar deuda o buscar nuevas fuentes de financiación.
La reorganización empresarial a nivel organizativo implica cambios en la dirección o en la estructura de gobierno. Y la reestructuración estratégica redefine qué mercados atender o cómo competir, normalmente combinando elementos de las tres anteriores.
Las señales que indican que ha llegado el momento de actuar
Las dificultades rara vez aparecen de golpe. Hay indicadores que, leídos a tiempo, permiten actuar antes de que la situación se deteriore:
Caída sostenida del margen o del EBITDA durante dos o más trimestres consecutivos.
Problemas recurrentes de tesorería, como retrasos en pagos a proveedores o necesidad constante de ampliar líneas de crédito.
Crecimiento acelerado o diversificación sin coordinación, que suele derivar en estructuras improvisadas y poco escalables.
Desconocimiento de incentivos fiscales disponibles que podrían reducir de forma significativa la carga tributaria del grupo.
Múltiples sociedades con obligaciones contables y fiscales duplicadas, generando costes ocultos sin aportar valor operativo real.
Ninguna señal aislada es motivo de alarma. La combinación de varias, sostenida en el tiempo, es lo que conviene revisar.
Por qué la reestructuración rara vez es solo un tema financiero o solo fiscal
Es habitual pensar en la reestructuración como un proceso puramente financiero, ligado a renegociar deuda o vender activos.
En la práctica, buena parte del valor de una reestructuración bien planteada está en el terreno fiscal y corporativo: la compensación de bases imponibles negativas entre entidades vinculadas, el acceso a incentivos fiscales antes inaccesibles por una estructura mal planteada, o la constitución de una sociedad holding que centralice la gestión del grupo.
Cómo se plantea un proceso de reestructuración bien ejecutado
Toda reestructuración empieza con un diagnóstico honesto: analizar en profundidad las cuentas, los procesos, los contratos, la organización y el mercado, para identificar qué funciona, qué no, y dónde están las palancas de mejora con mayor impacto.
A partir de ahí se define un plan de acción con medidas agrupadas por horizonte temporal: las inmediatas, que se ejecutan en los primeros tres meses; las de corto plazo, entre tres y seis meses; y las estructurales, que pueden extenderse entre seis y dieciocho meses.
Un plan que no se mide no se ejecuta, así que conviene establecer indicadores claros y revisarlos con la frecuencia que la situación exija.
Cuando la reestructuración implica negociar con bancos o acreedores, el plan de viabilidad se vuelve imprescindible: demuestra que la empresa puede ser rentable si se ejecutan las medidas previstas, e incluye proyecciones financieras, un análisis de sensibilidad y un calendario de ejecución.
Qué revisar antes de iniciar una reestructuración
Antes de poner en marcha cualquier proceso, conviene comprobar:
Si la estructura societaria actual responde a un crecimiento planificado o si, por el contrario, es fruto de una expansión rápida sin revisión periódica.
Si existen incentivos fiscales que la empresa no está aprovechando por una estructura societaria mal planteada.
Si la compensación de bases imponibles negativas entre sociedades vinculadas se está aplicando de forma eficiente.
Si el equipo directivo comparte el mismo diagnóstico sobre los problemas de fondo, o si las medidas se aprueban pero no se ejecutan por falta de alineación interna.
Qué aporta E Advisory en un proceso de reestructuración
En E Advisory analizamos la estructura societaria, contable y fiscal de la compañía antes de plantear cualquier medida de reestructuración, evaluando el impacto de cada escenario con simulaciones previas y posteriores.
Este trabajo se enmarca dentro de nuestro servicio de Financial Advisory, donde combinamos fiscalidad, análisis financiero y planificación estratégica en un mismo proceso, en lugar de tratarlos como decisiones aisladas.
Reestructurar a tiempo es una decisión de gestión, no una señal de debilidad
En E Advisory trabajamos con medianas y grandes empresas, grupos industriales e inversores que afrontan decisiones complejas en el ámbito fiscal, financiero y de reestructuración, combinando conocimiento técnico y visión práctica en cada etapa del crecimiento.
Si tu empresa está valorando un proceso de reestructuración empresarial, contacta con nuestro equipo.
ACTUALIDAD #ECIJA
Preguntas frecuentes sobre reestructuración empresarial
Los cuatro tipos principales son la reestructuración operativa, centrada en procesos y costes; la financiera, centrada en deuda y liquidez; la organizativa, centrada en dirección y gobernanza; y la estratégica, que redefine el modelo de negocio. La mayoría de los procesos combinan varios tipos a la vez.
La caída sostenida del margen o del EBITDA durante varios trimestres, problemas recurrentes de tesorería, crecimiento sin coordinación entre áreas, y el desconocimiento de incentivos fiscales disponibles son señales habituales que conviene revisar de forma conjunta.
No necesariamente. Una reestructuración impulsada por el crecimiento puede reorganizar equipos sin reducir plantilla. Las reducciones suelen asociarse a procesos de reestructuración financiera en situaciones de crisis, no a toda reestructuración por definición.
Porque determina si la empresa puede compensar bases imponibles negativas entre sociedades vinculadas, acceder a determinados incentivos fiscales, o verse excluida de tipos reducidos por formar parte de un grupo mercantil, entre otros efectos.
Depende del tipo y la complejidad. Una reestructuración operativa puede plantearse en unos meses, mientras que una reestructuración estratégica que redefine el modelo de negocio puede extenderse durante uno o dos años. Lo habitual es planificar por fases, con medidas inmediatas, de corto plazo y estructurales.